
Desde mi habitación te oigo moverte, descalza, encima mío. Tus pies desnudos sobrevolando mis ideas. Tu cuerpo -flotando, como el de un fantasma solitario, más allá de lo que alcanzo a ver- es bruma, tan solo bruma borrosa, que traspasa el silencio de la tarde.
Inmerso por un olvido consciente en el desamparo de lo previsto, convencido de que aquí -en este lugar de paso- no existe nada con lo que poder entretener al tiempo y lograr que se ensimisme un rato, mi apuesta es el sueño. Dormir y esperar que vuelvan: el sol, la distancia, la risa de una mujer alegre... o cualesquiera otros sentires, que, condescendientes con los extraños, reparen en mi soledad y me permitan creer en el mañana.
Nunca te he oído hablar, no sé si estás sola, ignoro tu nombre. Tampoco me consta si mañana seguiras siendo la huésped anónima de la habitación de arriba.
Te vi a lo lejos, saliendo de un coche oscuro entre la lluvia de la noche. Tus pasos sobre mi cama desafiaron mi claudicación. Te imaginé luego desnuda, con las bragas a medio bajar, dulcemente enrolladas hacia fuera enmedio de los muslos. Sensata. Eras muy parecida a alguien que había querido en el pasado. Recé un padrenuestro para sentir a Dios un poco más cerca, y, antes de dormirme, me preocupé de colocar al corazón un poco más lejos, lo situé junto a una de mis manos, por si tenía que librarte a medianoche -entre suspiros, humedad e insomnio- del lazo de recuerdos que estrangula algunas noches la garganta al final de la juventud.
Tu suelo era mi techo y yo no era otro, sino uno más entre todos esos hombres grises de la calle con los que casi nunca te relacionabas.
Tu suelo era mi techo enmedio de la oscuridad. Y, yo, que a veces me había sentido un buen salvaje y otras un torero filósofo que tarde tras tarde le estoqueaba al tedio, con la caída del sol, envalentonado con la literatura y la ginebra, miraba ahora fijamente, con agredecimiento -mientras tú te duchabas- el reloj y la cartera posados sobre mi mesilla de noche, consciente de su poder para alejar los demonios.
A lo mejor eras una mujer enamorada y feliz para la que aquel lugar, que a mi tanto me repelía, era más perfecto aún que el jardín del paraíso. Quizás. Porque el tiempo pasó y no me reveló nada de tu vida.
6 comentarios
Precioso, gracias, que acune del alma es leerte....un beso.
Me ha gustado mucho este desahogo onanista de voyeur que no llega ni a ver, esta soledad de atardecer de habitación de hotel, sobrellevada a base de padresnuestros y bragas a medio muslo a partes iguales -qué mezcla tan potente, muy buen hallazgo.-
Solo una pequeña objeción, para no perder la (mala) costumbre: "encima mío", no, por favor. Menos aún "encima mía". Es fácil apreciar que "encima" no es ni masculino ni femenino. No tiene género, es un adverbio. Y, por tanto, no admite la compañía de adjetivos. Encima DE MÍ.
A Sarah. Pues nada... que va por el buen camino. Si sigues así llegaremos a entendernos. ¡Seguro!. (ja, ja, ja...).
A Vanbrugh. Que la vida es eso. Padrenuestros y bragas bajadas a medio muslo. Impepinable.
Que aunque tienes razón con lo "encima mío" esta vez -y espero que esto no me sirva de precedente- lo voy a dejar como está.
Por cierto, Vanbrugh... ¿de que raiz etimlócica o uso del lenguaje procede lo de "impepinable"?. Extrañísmo, extrañísimo...
Como me choca también que a los invernaderos en Francia los llamen pepinneries. ¿Qué es ante la "pepinnerie" francesa o el "pepino" patrío?.
Amable: capaz o digno de ser amado.
Pepinable: capaz o digno de ser pepinado.
Impepinable: que no puede ser pepinado.
Pepinar: verbo transitivo de significado impreciso, probablemente relacionado con la hortaliza llamada pepino o con cualquier otro objeto o instrumento que por su forma o por algún otro motivo recuerde al pepino.
Yo, sinceramente, y aún a falta de conocer su significado exacto, no juntaría ningún derivado del verbo "pepinar" con ninguna braga a medio muslo. Las carga el diablo.
La pépinière francesa, que no pepinnerie, no tiene nada que ver con los pepinos (que en francés son concombres), sino con los pépins, uséase, los granitos de algunas frutas -las pepitas-, semillas que se plantan en las pépinières -semilleros.
Instruir deleitando es nuestro lema.
ah, por qué no nos entendíamos?
pues será por que usted no llega.
Por culpa de una braga a medio muslo, -eso es impepinable-, estoy yo donde estoy, es decir, no del todo mal. Y en el fondo...todos nosotros.
Bravo por la imagen rotunda, Julián.
Escribe un comentario